Atacados por líderes religiosos chiítas y sunnitas, los homosexuales de Irak siguen siendo perseguidos por su condición. Según una denuncia, a algunos les “sellan el ano” con pegamento.
La situación de los homosexuales iraquíes, que en más de una ocasión hemos reflejado aquí en Universo Gay, sigue empeorando. A los recurrentes actos de intolerancia en general promovidos por líderes musulmanes (tanto sunnitas como chiítas), se ha sumado una terrible denuncia de maltrato que indica que algunos gays de ese país han sido atacados y se les ha “sellado” el ano con un potente pegamento.
Este tipo de tortura fue revelada por la cadena Al Arabiya y de ella todavía no se han hecho eco los medios norteamericanos. La denuncia indica que los milicianos islámicos les sellan el ano a los homosexuales con un pegamento tan potente que sólo puede ser retirado mediante cirugía.
Además, les hacen beber un laxante para provocarles una diarrea. Al tener el ano obstruido la diarrea les provoca la muerte. Una tortura que muchas veces es grabada y enviada por todo el país a través de teléfonos móviles. El colectivo LGTB iraquí también ha denunciado que en varios hospitales se ha negado asistencia sanitaria a los supervivientes de esta brutal práctica.
De acuerdo al sitio Soitu, la Comisión Internacional por los Derechos Humanos de Gays y Lesbianas (IGLHRC, por sus siglas en inglés) le ha enviado una misiva a la ministra iraquí de Derechos Humanos, Wijdan Salim, instándola a tomar acciones dirigidas a proteger a la comunidad LGBT de su país.
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Gays iraquies torturados
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Miuler Vásquez
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Gays judíos promueven su visibilidad dentro de la colectividad
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Buenos Aires – (Diario Perfil)
Formaron JAG, sigla de Judíos Argentinos Gays, que a la vez significa “fiesta” en hebreo. Dicen que se vieron obligados a hacerlo porque a su colectividad le cuesta mucho aceptarlos y no les daba espacios de inclusión. Pronto se sumaron también travestis y lesbianas de esa religión. Y se asociaron a padres de hijos gays, a los que asisten, incluso, con ayuda terapéutica para los jóvenes que “están saliendo del closet”. Su símbolo de pertenencia es la “kipá” multicolor.

JAG en hebreo significa fiesta. O festividad. JAG es el nombre que eligieron y la sigla de Judíos Argentinos Gays. O Judíos GLBT (Gays, Lesbianas, Bisexuales y Transgénero). “Este espacio surgió pensando en que las instituciones judías, tanto sociales y ulturales como religiosas, no brindaban espacios de contención, ni de información, ni de esparcimiento relacionados con los intereses de los gays”, cuenta Diego, uno de los fundadores de JAG, que comenzó a funcionar en marzo de 2004, después de una reunión de amigos.
Con una marca de identidad muy fuerte, el grupo podría haber sido visto por cualquiera como un núcleo demasiado cerrado. “No hay que pensar esto como un gueto, nuestra idea al formar el grupo fue abrir esto a la sociedad en general y a la colectividad judía en particular, que tiene serios inconvenientes con lo gay”, aclaran.
“Sucede mucho a los 25 o 30 años que un chico judío conoce a una chica judía, después se casan, tienen hijos que van a escuelas y clubes judíos, después se hacen amigos de los padres de sus hijos, hay una continuidad. Pero cuando tenés una orientación sexual distinta, perdés eso y uno se aísla, se va de esos lugares porque no tenés un espacio”, apunta Micha, integrante del grupo.
Diego Guinecin es otro de los fundadores y presidente saliente de JAG. Para él una de las cuestiones más importantes es lograr una “visibilidad” de lo gay, romper con la impersonalidad de muchos boliches o espacios gays, más allá de lo religioso. “Los lugares gays hasta ahora se llaman Contramano, Búnker, son todos sótanos. No existe la visibilidad, todo es muy oscuro y se mantiene en el anonimato. Nos gusta este espacio porque la gente se puede encontrar desde una charla, algo más personal.”
Argentinidad.
Con reuniones cada 15 días, el grupo fue creciendo y diversificando sus actividades, que van desde lo recreativo hasta acciones solidarias. Siempre con un pie en la identidad judía, el grupo realiza actividades vinculadas con los otros dos pilares: lo argentino y lo gay. “Una película como Esperando la carroza te identifica como argentino. La hemos pasado y también hicimos una actividad donde analizamos fragmentos de series, y en un momento vimos a los personajes de Juana Molina, Sandra y Judith. Recordamos eso y todos nos sentimos profundamente identificados”, señala Alfredo, que es abogado y miembro de JAG desde hace más de un año. Las actividades vinculadas con lo gay son de lo más variadas: “Nos hemos juntado con una asociación de padres con hijos gays que se reúnen para tratar de ver cómo ayudarlos y hasta ofrecemos ayuda terapéutica para jóvenes que están haciendo su coming out o ‘salida del closet’”, relatan. Además, el grupo participa de la Marcha del Orgullo, con sus característicos kipás multicolores y pertenece al Congreso Judío Gay Mundial.
“No somos necios, sabemos que para un heterosexual puede llegar a ser un ejercicio aprender a entendernos a los gays”, asegura Alfredo. “Nosotros tenemos la suerte de tener medianamente algunas cuestiones resueltas, pero sabemos que todavía en muchos lugares el gay sigue siendo la ‘mariquita’ y es marginado”, remata Guinecin.
Formaron JAG, sigla de Judíos Argentinos Gays, que a la vez significa “fiesta” en hebreo. Dicen que se vieron obligados a hacerlo porque a su colectividad le cuesta mucho aceptarlos y no les daba espacios de inclusión. Pronto se sumaron también travestis y lesbianas de esa religión. Y se asociaron a padres de hijos gays, a los que asisten, incluso, con ayuda terapéutica para los jóvenes que “están saliendo del closet”. Su símbolo de pertenencia es la “kipá” multicolor.
JAG en hebreo significa fiesta. O festividad. JAG es el nombre que eligieron y la sigla de Judíos Argentinos Gays. O Judíos GLBT (Gays, Lesbianas, Bisexuales y Transgénero). “Este espacio surgió pensando en que las instituciones judías, tanto sociales y ulturales como religiosas, no brindaban espacios de contención, ni de información, ni de esparcimiento relacionados con los intereses de los gays”, cuenta Diego, uno de los fundadores de JAG, que comenzó a funcionar en marzo de 2004, después de una reunión de amigos.
Con una marca de identidad muy fuerte, el grupo podría haber sido visto por cualquiera como un núcleo demasiado cerrado. “No hay que pensar esto como un gueto, nuestra idea al formar el grupo fue abrir esto a la sociedad en general y a la colectividad judía en particular, que tiene serios inconvenientes con lo gay”, aclaran.
“Sucede mucho a los 25 o 30 años que un chico judío conoce a una chica judía, después se casan, tienen hijos que van a escuelas y clubes judíos, después se hacen amigos de los padres de sus hijos, hay una continuidad. Pero cuando tenés una orientación sexual distinta, perdés eso y uno se aísla, se va de esos lugares porque no tenés un espacio”, apunta Micha, integrante del grupo.
Diego Guinecin es otro de los fundadores y presidente saliente de JAG. Para él una de las cuestiones más importantes es lograr una “visibilidad” de lo gay, romper con la impersonalidad de muchos boliches o espacios gays, más allá de lo religioso. “Los lugares gays hasta ahora se llaman Contramano, Búnker, son todos sótanos. No existe la visibilidad, todo es muy oscuro y se mantiene en el anonimato. Nos gusta este espacio porque la gente se puede encontrar desde una charla, algo más personal.”
Argentinidad.
Con reuniones cada 15 días, el grupo fue creciendo y diversificando sus actividades, que van desde lo recreativo hasta acciones solidarias. Siempre con un pie en la identidad judía, el grupo realiza actividades vinculadas con los otros dos pilares: lo argentino y lo gay. “Una película como Esperando la carroza te identifica como argentino. La hemos pasado y también hicimos una actividad donde analizamos fragmentos de series, y en un momento vimos a los personajes de Juana Molina, Sandra y Judith. Recordamos eso y todos nos sentimos profundamente identificados”, señala Alfredo, que es abogado y miembro de JAG desde hace más de un año. Las actividades vinculadas con lo gay son de lo más variadas: “Nos hemos juntado con una asociación de padres con hijos gays que se reúnen para tratar de ver cómo ayudarlos y hasta ofrecemos ayuda terapéutica para jóvenes que están haciendo su coming out o ‘salida del closet’”, relatan. Además, el grupo participa de la Marcha del Orgullo, con sus característicos kipás multicolores y pertenece al Congreso Judío Gay Mundial.
“No somos necios, sabemos que para un heterosexual puede llegar a ser un ejercicio aprender a entendernos a los gays”, asegura Alfredo. “Nosotros tenemos la suerte de tener medianamente algunas cuestiones resueltas, pero sabemos que todavía en muchos lugares el gay sigue siendo la ‘mariquita’ y es marginado”, remata Guinecin.
Fuente: http://www.sentidog.com
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